Carta para mi cumpleaños

29 de septiembre de cada año.


Hoy una sensación extraña me ha embargado, siento que camino más lento y respiro más despacio ¡Pero claro! ayer tenía un año menos y hoy tengo uno más, tengo un año más de viejo y al mismo tiempo uno menos de vida, porque los años que hoy tengo, son justo las años que ya no me quedan.


Si vuelvo la mirada unos años atrás, incluso hasta cuando era un niño, puedo ver que he llegado muy lejos, sí, con la seguridad de tener hambre del mundo, pero con las dudas e inseguridades de cómo hacerlo, con las pruebas que me ha puesto el camino, de cada una se ha aprendido un poco. Ya pasaron los años en que corría a pie limpio entre desechos y cafetales, y ahora corro sobre dos bielas a respirar el aire puro de las montañas, a ver el primer rayo de sol, a inundarme del olor a hierba cortada y a fogón de leña, porque si hay una sensación de plenitud para el alma, son las bocanadas de aire entrecortado al conquistar en bicicleta una montaña. Uno siempre es de donde su alma nació, la mía nació en el campo.


También me doy cuenta de que tengo a mi lado todo lo que el hombre más adinerado del mundo desearía tener. Tengo la fortuna de tener a mis padres, aunque a veces no merezca ser su hijo en brazos de mi padre soy un gigante ante el mundo, el brillo de los ojos de mi madre son una luz en mi sendero. No soy el mejor de los hermanos, pero tengo tres fuertes brazos en los cuales apoyarme si desfallezco. No soy el mejor de los amigos, pero tengo amigos, amigos como dice de Borges, amigos como el poema de Charles Chaplin “Necesito de Alguien”, amigos como dice Gilbran Kahlil Gibran, amigos como dice Sándor Marai en “El último encuentro”. La amistad es el título más noble que se le pueda otorgar a alguien, tengo los amigos que quiero y siento.


Tengo la fortuna de ser el padre de la mujer más valiosa del mundo, una pequeñita con el cabello color rayito de sol, una mujer que me ha defendido ante todos, una mujer que se empeñó sin haber nacido, en demostrarme que yo me merecía un lugar en su vida, por ella iría hasta el infierno, por ella no le tengo miedo a la muerte, porque sé que en su amor tengo seguro mi cielo.


Tengo la fortuna de ver como el rocío de los años cubre el cabello de mi mamá grande, de la rosa más linda del mundo. El amor hecho persona, Misiá Rosa camina despacio, mira a los ojos y sonríe bonito. Es la prueba viviente de una vida plena y mesurada, los robles también son mujeres como mi Rosa.


Tengo mis libros, tengo a Fucik, Dostoievski, Saramago, Kundera, Soto Aparicio, Camus, Rulfo y otros más, que con sus líneas y sus versos me han pulido, me han hecho sentir y no pasar por la vida solo respirando. Tengo la fortuna de que se me arrugue el corazón escuchando un Tango o un Son Cubano, soy un viejo y un chicuelo al mismo tiempo…


Y así le doy otra vuelta al sol. Que estas líneas y lo que ellas describen perduren en estilo y esencia por los años que me queden. Solo tengo un intento para vivir y es la vida misma, porque para la felicidad no hay monólogo, ni receta. De ayer queda aprender de lo vivido, de hoy queda vivir del alba al ocaso, y de mañana queda seguir viviendo. En compañía de un café, una copa de vino, papel y pluma, un bolero, el frío de una cerveza, el calor de mis amigos, la sonrisa de mi hija, la bendición de mis padres, los besos de mi abuela y el amor de la mujer que amo y que aún no conozco… seguir viviendo.

Feliz cumpleaños a mí.



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