Fútbol Comunista: Estrella Roja Campeón.

En tiempos de Coronavirus, y sin ningún asomo de fútbol por un buen tiempo, cabe entonces recordar algunas de las hazañas e historias que nos deja el fútbol en la historia. Para los fanáticos del fútbol, un domingo como hoy sin encuentros, un partido con la historia.

Muy pocos recuerdan el Club Estrella Roja de Belgrado, incluso algunos ni siquiera sabían de su existencia. Para sorpresa de muchos, este equipo antes yugoslavo, hoy serbio, fue creado originalmente por Liga Juvenil Antifascista de Serbia Unida en febrero de 1945 justo al terminar la segunda guerra mundial. Contando con la aprobación y colaboración del Mariscal Tito, jugo la final de la UEFA Champions League en 1991 contra el Olympique de Marsella Francés. El día 29 de mayo todo estaba preparado para recibir dos astros del fútbol de dos mundos diferentes. El estadio de San Nicola de Bari fue el lugar escogido para enfrentar estos dos equipos que en semifinales habían demostrado ser los candidatos a llevarse la Orejona. El estadio San Nicola ya contaba con una reputación victoriosa para los comunistas, en 1990, justo en el campeonato de mundo desarrollado en Italia, los equipos URSS y Chocoslovaquia, ambos extintos, vencieron en la fase de grupos y los octavos de final a sus rivales con amplia diferencia.



En la semifinal Estrella Roja dio la sorpresa derrotando al Bayern Múnich por la mínima diferencia, mientras Olympique de Marsella aguó la fiesta comunista al derrotar al Spartak Moscú. Un comentarista ruso dijo en reportaje de la televisión rusa después de la derrota: “Hubiese sido la final perfecta, Estrella Roja Vs Spartak Moscú, una faena Roja”. Y lo de la “faena roja” no se trataba exactamente del color de los uniformes.


El Estrella Roja había logrado lo que ni el poderoso equipo del Ejército Rojo, el histórico CSKA Moscú, ni el poderoso equipo de equipo del Directorio Político del Estado, es decir, la policía secreta soviética, el Dinamo Kiev, había alcanzado en 60 años.


El árbitro Tullio Lanese era el más imparcial del encuentro, incluso muchos periodistas decían que Lanese no sabía bien que era el comunismo, pues a diferencia de muchos, su único interés era el fútbol y de política la verdad sabía muy poco. Al salir al campo de juego las hinchadas explotaron en emoción, hasta ese momento ninguno de los dos equipos contaba con el título de campeón continental. Para ambos lo más cerca que estuvieron de abrazar la orejona fue llegar a semifinales.


Los equipos se acomodaron en el campo, era una noche despejada. En las alineaciones estaban los mejores y los comentaristas hablaban todo el tiempo de ello. Incluso había un Pelé en el campo que obviamente no era brasilero que conocemos. Por Estrella Roja estaban titulares el famoso 10 de Belgrado, Savićević y el artillero del medio, Binić. El partido arranca y la algarabía popular cesa. Muy temprano el Olympique es el primero que se anima ensayando un centro desde el costado derecho al corazón del área Roja, los centrales del Estrella fallan en la marca y Pierre Papin queda solo contra los tres palos, el remate es desviado. Sin embargo el Olympique estaba todavía ignorante de la talla del Estrella, en pocos minutos Savićević recoge un balón dividido en la mitad del campo y se anima a probar suerte solo en carrera atrapando al Olympique en un mal retroceso, conecta una diagonal con Binić que por poco cala el balón en el arco. Las próximas tres oportunidades de gol las tendrá el Estrella Roja, obligando al Olympique a retroceder. Al intermedio las barras corearon himnos, la hinchada roja expuso una bandera roja, azul y blanca, era la bandera yugoslava. Los comentaristas se inclinaron por el bueno juego del equipo yugoslavo y comenzaron a alabar el esfuerzo de Estrella por animarse al arco. Un par de hinchas yugoslavos, emborrachados quizás, corearon Katiuska y nadie entendió lo que querían decir.


El segundo tiempo volvió con más fuerza, Papin se anima en una filigrana individual a encarar y resulta librado centrado al corazón del área, nadie recibe el balón. Estrella contraataca en una jugada individual fabricando una falta, Prosinečki cobra con paciencia y el balón por poco se estrella en el larguero. Pero Olympique no se rendía, en una jugada preparada se escapa un jugador en solitario por la banda derecha y alcanza a centrar, Cassoni se levanta mejor que su marca personal y conecta un cabezazo que por poco se cuela en la valla de Estrella Roja. Suena finalmente el pitido de los 90 minutos. El partido termina empatado.


Hay un nuevo tiempo de descanso y los hinchas yugoslavos corean: “Tiiiiiiiiiiitooooo, tiiiiiiiiitoooo,” y los comentaristas italianos y franceses están desconcertados porque ningún jugador en el campo lleva tal nombre.

Comienza la tanda de penales, el primero en cobrar es un jugador pelirrojo (muy pero muy pelirrojo) de nombre Savićević, aun con los silbidos y la algarabía el jugador patea con alivio anotando el primero para Estrella. Un comentarista yugoslavo dice: “ese hombre tiene el color de moda en mi país hasta en el pelo”. La hinchada roja salta en pasión. El segundo en cobrar es Manuel Amoroso por Olympique, se le nota nervioso, acomoda mucho el balón y toma mucha distancia, justo antes de tirar se detiene, como intentando hacer un amague o dudando, lo lanza con poca velocidad a los puños del arquero, Olympique falla. Desde ese momento para los comentaristas ya estaba todo decidido, incluso hay quienes ya celebran sin terminar la tanda de penales.


Lo último que se escucha en la radio y la televisión yugoslava es: “somos campeones”.

A continuación, el resumen de la tanda de penales:



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