La maestra de Kinder y mis maestros de escuela

Actualizado: abr 12

Tengo la costumbre de volarme a los cines independientes de la ciudad, a las lecturas de poesía, obras de teatro, o simplemente un café donde pueda leer, escribir y ver pasar gente. Generalmente lo hago solo, aprendí a recargar el alma sin depender de más compañía que mi mochila y mis libros. Así fue como hace unos dos años tras ver la página de Cine con alma, de la cámara de comercio de Pereira, terminé viendo La maestra de Kinder. Una bella apuesta sobre la poesía y la obsesión de su maestra porque el mundo viera el artista innato en su estudiante, en medio de la vacía e indiferente sociedad actual.

La película del año 2018, bajo la dirección de Sara Colangelo es una adaptación de la aclamada cinta israleí que lleva el mismo nombre, y que fue dirigida por Novad Lapided, estrenada en el año 2014. En la adaptación de Colangelo se cuenta la historia desde el personaje de la maestra Lisa Spinelli, en la historia original es contada desde la visión del niño.


Hace un par de semanas vi de nuevo la cinta en el Museo de arte. En esta ocasión invité a una amiga si ha de haber compañía para una función, que sea preferiblemente la de una mujer. Mi intención era tomar nota de los poemas de Jimmy a lo largo de la historia, me habían llamado mucho la atención, y los que alcancé a anotar en su momento, los perdí. Les comparto los que logré capturar, haciendo salvedad de que algunos puedan no estar completos.


Anna


Anna es hermosa

almenos para mí

el sol brilla sobre su casa amarilla

es como una señal divina.

El toro


El toro estaba solo en el patio

era tan oscuro

el viento mesia las ramas

abrí la puerta y salí

lo miré, ojos azules

respiraba para no morir

no lo quise

solo soy un niño

di que sí,

di que sí, aunque sea.

Sobre un León


Es tan oscuro

que encender las luces no serviría de nada

es tan luminoso que las flores se inclinan hacia el sol

¿recuerdas al león?

no hay quien lo dome si se duerme el domador

y lo único que hace es dormir.

Lo cierto es que en esta ocasión, fuera disfrutar desde una visión más amplia el filme, me visitaron de repente, los recuerdos de mis maestros de escuela, esos que me formaron, me hicieron apasionar por las letras, y a quienes les debo orgullosamente mi devoción por ellas. Empezando por Luigi Trochez, mi maestro de español en octavo grado en la ciudad de Cali. En una conversación con el viejo Luigi, me hacia saber que sentía el peso de los años y la nostalgia por el poco o nulo interés de mi generación por las letras, me dijo: ¿Qué será de nosotros los viejos si nuestras esperanzas deben estar puestas en ustedes?, me quedé mudo y sin palabras con que responder.


Un año más tarde, me dio clases de español Margarita Valencia, todos le decían La chuqui, sus clases se salían de los estándares tradiconales y en el ambiente se caldeaba poesía, ideas y debates de lo más amenos. Cuando le respondíamos mal, nos decía que teníamos diarrea mental. Una de sus clases fue ver una película, Réquiem por un sueño, sobre las adicciones y el tráfico de drogas, impactante por demás, pero la realidad es así, mira de frente y sin cerrar los ojos, y La chuqui nos hacia ver la realidad a la cual nosotros mismos nos enfrentaríamos.

Ya en la universidad conocí Diego González, mi profesor de física II en mi carrera de ingeniería. Sus clases eran lo más cercano que había estado de un veradadereo maestro. Al inicio del curso nos dijo que los ingenieros debíamos leer y escribir para no volvernos cuadriculados. Y más allá de hablarnos de cargas elétricas, fórmulas, leyes y teoremas, apartaba espacios para hablarnos de política, literatura y hacernos ver la realidad que nos rodeaba, como el hecho de ser de los pocos que contábamos con el privilegio de estudiar en una universidad pública, cuando miles no podían acceder a ese derecho, ni a muchos otros.


De sus clases también aprendí a conocer muchos autores, el primer libro que me prestó fue La guitarra y el poncho de Víctor Jara, del periodista ruso Leonard Kósichev. Entre muchos otros, de su guía y mano conocí a Herman Hesse, Julius Fucik, Constantino Cavafis, Gibran Khalil Gibran, Henry Miller, Ibn Hazm de Córdoba. Y es por ello que honro su labor, su vocación abanegada, no solo por impatir conocimientos, sino por transformar mentes, darle un vuelco a esta realidad impuesta, y formar antes que nada, ciudaddanos concientes. Por todo esto les llamo mis maestros de escuela, en honor al profesor Manjarrés del libro Maestro de Escuela del escritor Fernando González Ochoa.


Lo anterior es lo que me lleva de cierta manera a entender las acciones que lleva a cabo la maestra Lisa Spinelli —que es para mí el mensaje de la película— , en su afán por rescatar al pequeño Jimmy de volverse otro autómata absorbido por la superficialidad, la tecnología y el sin sentido de una vida planteada en producir y consumir. Cada quien juzgará a la luz de la moral las acciones del personaje de la maestra, pero yo sin duda buscaría con el mismo empeño su cometido. No se puede ir por la vida solo respirando, tiene que haber más, tenemos que sentir, vibrar, mirar sin sezgo, pensar y formarnos una opinión por nosotros mismos.

En el final de la película, con la maestra Spinelli presa y Jimmy diciendo tras el vidrio de una patrulla de policia "I have a poem". Pero ya no hay quien lo escriba, no hay quien lo lea, ni quien salte de emoción por sus palabras. El genio de un poeta ha sido apagado como a una vela. Les dejo entonces dos poemas más del personaje de Jimmy. Y claro está, les recomiendo ver la película, vale toda la pena. Confieso que verla dos veces no hizo más fácil el nudo en la garganta.

El oro se oxida

el calor se quiebra

la policía llega al comedor

puedo oir la tercera guerra mundial

hay polvo,

pídele a dios que cuando llegue la boda

el poema aún esté aquí.

Anna Levántate

La soledad también es el tiempo que pasas con el mundo

todos están dentro de la habitación

todos los muertos pasan a tu lado

como el viento toca la campanilla

el final del camino está lejos

atrás queda el sendero recorrido

no temas más, Anna.

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