Los dioses ocultos

¿Por qué no puedo desgarrarme la piel Hasta lograr un vacío? ¿Por qué uno se retuerce entre rincones Mirando al cielo en busca de alguien?

Caifanes, los dioses ocultos


Las deidades han sido, son y serán obsesiones humanas que jamás serán resueltas. Antaño se concebían como humanos superiores; el cristianismo las unificó en una sola entidad poderosa que se divide en tres: padre, hijo y espíritu santo. Actualmente, muchos han optado por descreer, aunque no han dejado de venerar. Gente que no rinde culto a ningún dios y sin embargo veneran la belleza, el placer, el éxito y la fortuna, atributos que los antiguos concibieron como hombres y mujeres inmortales que en ocasiones interactuaron con la mortal humanidad.



El escritor mexicano Fernando del Paso veneró, a su modo, al idioma español y a la historia durante los 83 que vivió, veneraciones que le sirvieron para obtener el premio Cervantes en el año 2015. Por designios oraculares, encontré en una librería de segunda de la calle octava del centro de Bogotá la novela Noticias del imperio con la editorial oveja negra (otra cosa más que agradecer a Gabo). De más está decir que su embrujo no me dio ningún descanso hasta terminar por completo la lectura de sus 668 páginas.


¿Qué puedo decir de una novela histórica que narra casi todo el siglo XIX y parte del XX? Primero, que es una de las mejores novelas históricas que he leído. Fernando del Paso juega con el idioma mexicano de una manera tan excelsa que hay capítulos que son poesía en prosa.


«Me embarazó un ángel con unas alas de plumas de quetzal que tenía, entre las piernas, una serpiente forrada con plumas de colibrí. Y quedé preñada de viento y de vacíos, de quimeras y de ausencias. Voy a tener un hijo, Maximiliano, del peyote, un hijo del cacomixtle, un hijo del tepezcuintle, un hijo de la mariguana, un hijo de la chingada».


La voz más adecuada, la más precisa que encontró Del Paso para expresar estos delirios fue en Carota de Bélgica. Ella es la protagonista de la obra: una mujer de la realeza europea que se casa con Fernando Maximiliano de Habsburgo y quienes aceptan ser los segundos emperadores de México. ¿Emperadores? ¿En un país centroamericano? Esa es la trama principal de la novela. Las vicisitudes de tan curioso propósito llevan a Carlota a enloquecer (eso especula la historia y eso afirma la literatura de Del Paso). Por tanto, esa poesía alucinante y preciosa resulta verosímil para cualquiera que haya vivido lo que Carlota tuvo que vivir.


Y no obstante, no es la única voz de la obra. Del Paso fue tan riguroso y tan astuto en su estilo que pudo hacer que personajes como Napoleón III, Eugenia de Montijo, el mismo Fernando Maximiliano y hasta Benito Juárez se expresaran a sus anchas.



Este último supo descifrar el carácter la política colombiana en una singular pregunta:


« ¿De qué me sirve, por ejemplo, que el Congreso de Colombia me haya nombrado “Benemérito de las Américas” y que mi retrato cuelgue en la Biblioteca Nacional en Bogotá, si nunca llegaron los quince mil hombres que el General Mosquera nos iba a mandar desde Colombia? ».


Así es la política de nuestro país: zalamera, burocrática, mentirosa y embaucadora. Más de 100 años trascurridos y seguimos en lo mismo. Esto demuestra además de la admirable prosa, la lucidez con la que Del Paso escribía.


Acordemos que la delgada línea entre la literatura y la historia flaquea con obras como ésta. Probablemente Juárez nunca dijo eso, ni Carlota sufrió tanto, ni Fernando Maximiliano fue tan necio. Dejando a la historia en su lugar vago y contradictorio, la novela cumple con lo suyo.


El mismo Del paso se expresa en su propia novela y cita las teorías de diversos historiadores que indagaron en la trama.


Sé muy bien que no es una novela para todo el mundo. Novela catedral, como llaman algunos, que habla del poder, del deseo, de la tradición, de la traición, del amor y del desamor; de la ilusión y la derrota, de la vejez que rumia sus recuerdos y de la juventud que anhela sin consuelo. Una novela que, acaso, se propuso plasmar todas las facetas del alma humana.


Cuando terminé de leer Noticias del imperio me sentí vacío y abandonado a mi suerte. Miré al cielo en busca de alguien y recordé que en el principio fue el Verbo, la palabra, y desde entonces busco a algún otro dios oculto al que pueda venerar a través de sus páginas.

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