Un vikingo hambriento

Actualizado: jul 6


Cuando estaba en la adolescencia (e incluso hasta los veinte) y oía, veía o leía la palabra Noruega dos cosas venían a mi mente: Olafo el amargado y el fenómeno del black metal, que surgió cuando muchos de mi generación (como cantan Silva y Villalba) apenas decíamos mamá.


De Olafo no hay mucho qué decir; era una historieta corta que publicaban todos los fines de semana en el periódico (no recuerdo cuál). Narraba las peripecias de un vikingo obeso y malgeniado que viajaba con su escuálido y tonto escudero en un drakar, a veces, mal dibujado.


El black metal noruego era otro extremo; un grupo de Jóvenes con sangre vikinga que revindicaban los valores paganos de su estirpe, a tal extremo que llegaron a quemar iglesias, asesinar homosexuales entre otros crímenes, como el famoso caso de Varg Vikernes.



Con algunas lecturas (entre ellas las clases de Borges) me enteré de la saga Volsunga, las kennings e incluso el cantar de los nibelungos.


No obstante, fue gracias a Bukowski que cambió mi concepto de la literatura Noruega.

En una de sus entrevistas, el tipo echó una fumada a su ínfimo cigarro, tomó un sorbo de su Stella Artois y dijo que admiraba la obra de Henrik Ibsen y Knut Hamsun. Tan exóticos apellidos y tan ignotos para mí. Ambos eran noruegos. El primero fue poeta y dramaturgo; el segundo fue novelista y ganador del Nobel en 1920.


Un amigo consiguió la novela El hambre de Hamsun. Me la prestó durante una visita a Bogotá y la devoré en pocos días. Cuán inmensa sería mi sorpresa el leer la historia de un vikingo pobre, sin ideales paganos de supremacía, que padece hambre, implora ayuda al dios cristiano y que intenta ganarse cualquier moneda escribiendo artículos que nadie le recibe.


Este personaje era como Bukowski, como yo y como muchos miserables que intentaban ganarse el pan con literatura. Tan pobre que no tenía ningún vicio; no podía solventarlos. Y es que el hambre es una cosa terrible en cualquier época y en cualquier lugar.


En estos días de encierro aciago, me es inevitable pensar en alguien que como yo, quiso vivir un tiempo a la deriva; a la espera de que el arte le bendijera con algún destello de genialidad que lo sacara de pobre.

«Tengo quince, veinte páginas escritas ante mí, sobre mis rodillas, cuando me paro, por fin, y dejo el lapicero. ¡Si realmente estos papeles tienen algún valor, estoy salvado! »


Un descendiente vikingo buscando salvación: salvarse de la sórdida vida del artista sin reconocimiento.


Los vikingos que admiraban (y admiran algunos por series y películas) antaño eran feroces; quitaban a quien fuera lo que consideraban suyo. ¡Qué salvación ni qué ocho cuartos! Ellos se sentían complacidos al morir en batalla, soñaban con ir al Valhalla y seguir luchando; muriendo y renaciendo en las noches para embriagarse con hidromiel en festines suntuosos con ricas viandas, valkirias y el respeto del gran Odín.


Pero con el paso de los años entendí esa frase que dicen las abuelas: aquel predica pero no aplica. Supe que Hamsun fue admirado y respetado hasta la Segunda Guerra Mundial. Hasta que por motivos anti-norteamericanos decidió apoyar el nazismo.


«Ya hacía dos, casi tres días, que no comía nada, y me sentía deprimido; hasta sostener el lápiz me fatigaba »


Los nazis fueron feroces; quitaban a quien fuera lo que consideraban suyo. Ni salvación ni indulgencia. Quizás se complacieron al morir por su causa, y soñaron con una Alemania global; con morir y renacer en las noches para embriagarse con cerveza en festines suntuosos con ricas viandas, lindas alemanas y el respeto del Tercer Reich.



Juzgar a un autor por su ideología política es inútil y tonto, sin embargo me es inevitable preguntar ¿Será posible que Hamsun jamás pensó en los miles de hambrientos judíos, gitanos, franceses e incluso alemanes que la causa nazi produjo? ¿No les recordó ni por un instante a sus personajes?


El error está en creer que las mentes lúcidas son siempre infalibles.


Nota del 05/07/2020: Leo con agrado (en una entrevista que se halla fácilmente en internet) que Hamsun fue uno de los autores predilectos de Juan Rulfo (junto a Boyersen, Jens Peter Jacobsen, Selma Lagerlof y Halldor Laxness) ¿Cuál y cuánto sería el influjo de Hamsun en el temperamento de personajes como Macario, Pedro Páramo, Anacleto Morones y muchos otros (que a decir verdad son pocos) en el universo rulfiano?

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